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Hubo una niña llamada Mona, era prudente y acomedida.
Vivía feliz con su familia, amigos y vecinos.
Siempre trataba de hacer felices a los demás, tanto
que todos la admiraban por eso. Ella decía que era
la niña más feliz del mundo, otras niñas mayores le
preguntaban cómo le hacía para estar siempre
sonriente, y aunque se les notaba la envidia Mona no
les hacía caso a ellas o a sus preguntas. Su mejor
cualidad era que no agobiaba a los demás con
ansiedades o tristezas porque sabía que eso podía
afectar a sus amigos.
Mona y sus amigos eran muy joviales y positivos,
sabían dedicarle tiempo al estudio y a la diversión.
Un día sus amigos planearon hacerle una fiesta
sorpresa pos su cumpleaños, Mona se llevó una gran
sorpresa cuando entró a la fiesta que organizaron en
su casa. A media noche, sus amigos se fueron pero
camino a sus casas tuvieron un acccidente de tráfico
y ninguno de ellos sobrevivió.
La noticia llenó de dolor y llanto a Mona, quien
desde entonces no ha vuelto a reír y solamente puede
llorar cuando alguien intenta animarla. Mona dice
que "ése cumpleaños fue su última felicidad", un
desastre que cambió su vida para siempre.
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